Las partículas minerales que forman la estructura del suelo incluyen arena, limo y arcilla. Junto con la materia orgánica (MO), las arcillas tienen una alta cantidad de cargas negativas en su superficie. Al conjunto de esas cargas se denomina capacidad de intercambio catiónico (CIC) y usualmente se expresa en meq/100 g de suelo. Por lo tanto, los suelos arenosos tienen niveles bajos de CIC (usualmente < 10 meq/100 g), los limosos un nivel intermedio (10 – 20 meq/100 g), mientras que los arcillosos y orgánicos superan esos valores.
Mediante fuerzas electrostáticas, este conjunto de cargas permite retener iones positivos (cationes) en la superficie de las arcillas y coloides orgánicos, proceso que se conoce como adsorción. En el contexto agrícola, la CIC es importante porque permite almacenar nutrientes de interés para los procesos productivos como NH4, K, Ca, Mg, Fe, Mn, Cu y Zn. Ese almacenamiento ayuda a aumentar la disponibilidad potencial y gradual de esos nutrientes, y también reduce las pérdidas por lixiviación, lo que permite mejorar la eficiencia del uso de fertilizantes.
Sin embargo, la CIC también puede almacenar elementos poco deseados como el H, Al y Na. Los dos primeros indican condiciones excesivas de acidez (conocida como acidez intercambiable), mientras que el tercero indica condiciones salinas. Estas condiciones son negativas para los sistemas agrícolas porque ocasionan desbalances nutricionales, pobre desarrollo radicular y reducen la biodiversidad y actividad microbiana.
Además, es importante entender que el proceso de adsorción de nutrientes es dinámico y reversible porque depende del equilibrio químico entre las fases del suelo, el balance nutricional del sistema y la actividad química de los elementos. Por ello, la CIC tampoco es constante y puede cambiar con las variaciones de pH (por lo general aumenta si sube el pH) y la adición de MO.
Acciones para mejorar la CIC del suelo
- La mejor forma de incrementar la CIC es con la adición de MO (ej.: compostajes de buena calidad). Aquí es importante entender que, para que el efecto sea significativo y perdure en el tiempo, estas aplicaciones deben ser frecuentes (una o dos veces al año) y en volúmenes considerables (varias toneladas por hectárea).
- Incluir cultivos de cobertura en los sistemas productivos, y cuando sea posible, incorporarlos al suelo. Estos materiales vegetales se convierten en residuos que luego del proceso de descomposición suman a la MO.
- Incorporar los residuos de cosecha, los cuales también aportan MO al suelo.
- Proporcionar buena aireación al suelo, para mantener o mejorar el equilibrio químico y biológico del sistema.
- Manejar el pH del suelo y de ser necesario, realizar prácticas de encalamiento, lo que ayuda a liberar puntos de intercambio (cargas negativas) que en condiciones ácidas están ocupados por elementos no deseados.
Sin embargo, implementar cualquiera de estas prácticas requiere de conocimiento técnico de tipo agronómico. Por eso, si Ud. desea mejorar la CIC y desconoce sobre los procesos edáficos, lo recomendable es consultar con un especialista.
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